
Algunos retos del sector en el marco del 8M
Cada año, cuando llega el 8M, muchas iniciativas sociales miramos hacia nuestro contexto cercano. Hablamos de derechos, desigualdad y justicia en las causas que acompañamos. Pero esta fecha también puede ser una oportunidad para mirar hacia adentro y preguntarnos qué ocurre dentro de nuestras propias organizaciones.
La realidad de las mujeres en el sector está atravesada por múltiples factores. Desde mi experiencia en procesos de cuidado y salud mental con equipos de organizaciones sociales, hay cuatro temas que aparecen con frecuencia en las conversaciones: las implicaciones de la maternidad y otras responsabilidades de cuidado, las experiencias de violencia o discriminación en el trabajo, la participación de las mujeres en los espacios de liderazgo, y el desgaste por empatía asociado a los roles de cuidado.
Retos de las mujeres en organizaciones sociales
Uno de los desafíos más visibles es conciliar las responsabilidades de cuidado con los ritmos de trabajo del sector. La maternidad, el cuidado de familiares o las tareas domésticas siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres. En organizaciones que operan con urgencias permanentes y alta disponibilidad emocional, muchas mujeres terminan sosteniendo múltiples frentes al mismo tiempo. Cuando no existen condiciones laborales que acompañen estas etapas de vida, se generan tensiones profundas e incluso la salida de mujeres de espacios que también han ayudado a construir.
Sin embargo, cuando existen redes de apoyo dentro de los equipos, estas situaciones se viven de otra manera. Compañeres que cubren espacios, liderazgos que comprenden los ciclos de vida o acuerdos para realizar ajustes razonables pueden marcar una diferencia importante para sostener el trabajo sin que las personas queden solas frente a estas decisiones.
¿Qué desafíos enfrentan las mujeres en el sector social? Maternidad, violencia laboral y desgaste emocional
También es importante nombrar algo que no siempre se habla abiertamente, las experiencias de violencia, acoso o discriminación dentro de los propios espacios de trabajo. De acuerdo con la ENDIREH 2021, tres de cada diez mujeres han enfrentado violencia laboral. Aunque trabajemos por los derechos, no estamos fuera de estas dinámicas. A veces aparecen de forma sutil: comentarios, exclusiones, descalificaciones o formas de trato que se normalizan. Poder reconocerlo sin negarlo es un paso necesario para construir espacios realmente seguros.
Desigualdad, liderazgo femenino y condiciones laborales en organizaciones sociales
En este mismo sentido, vale la pena preguntarnos cómo estamos ejerciendo el liderazgo. Aunque las mujeres son mayoría en muchas áreas operativas, siguen estando menos presentes en espacios de decisión. Pero más allá de cuántas, importa también el cómo. La forma en que lideramos impacta directamente en la salud mental de los equipos. Quizá este sea un momento para cuestionarnos si estamos construyendo liderazgos que acompañan, que escuchan y que abren camino a otras personas, o si, sin darnos cuenta, estamos reproduciendo formas más solitarias o exigentes de sostener los procesos.
Finalmente aparece el desgaste por empatía, una realidad frecuente en trabajos que implican acompañar de cerca situaciones de violencia, desigualdad o vulnerabilidad. Muchas veces las mujeres asumen dentro de los equipos tareas de escucha, mediación o contención emocional que no siempre son reconocidas como parte del trabajo. Cuando estas responsabilidades se comparten y se reconocen colectivamente, el impacto emocional se vuelve más manejable.
El compromiso con los derechos de las mujeres no se agota en reconocer estadísticas. También implica revisar nuestras propias prácticas organizacionales. Quizá el 8M pueda ser una oportunidad para abrir preguntas necesarias dentro de nuestras organizaciones:
¿Estamos generando condiciones para que más mujeres crezcan y lideren? ¿Estamos distribuyendo de manera justa las responsabilidades de cuidado? ¿Estamos construyendo espacios realmente seguros para todas? ¿Qué papel pueden tener los varones y las masculinidades en esto? ¿Qué conversaciones estamos postergando?
Las organizaciones de la sociedad civil existen para transformar la realidad. Pero esa transformación también empieza dentro.
El desafío del sector hoy no es solo que haya más mujeres participando, sino garantizar que puedan hacerlo en condiciones de cuidado, equidad y dignidad. Porque construir organizaciones que cuidan también es parte del cambio que queremos ver en la sociedad.
Autora: Tania T. Martínez Cortés
Coordinadora general I Cuidar para Colaborar



