
Cuando hablamos del fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) solemos pensar en capacitación, mejora de procesos o rendición de cuentas. Sin embargo, existe un elemento adicional del que depende, en gran medida, la continuidad de cualquier organización: la sostenibilidad financiera. ¿Qué hace que una organización logre mantenerse en el tiempo? ¿Por qué algunas pueden planear a largo plazo mientras que otras enfrentan dificultades para sostener sus operaciones?
La Aproximación estadística del sector social en Nuevo León. Desigualdades y fortalecimiento (yCo., 2026) muestra que las asimetrías entre organizaciones no sólo radican en cuánto dinero reciben, sino también en cómo obtienen sus ingresos. Mientras que las organizaciones con mayor capacidad económica generan el 65.4% de sus recursos mediante actividades ligadas a su objeto social, aquellas con menores ingresos presentan una alta dependencia de los donativos, los cuales representan entre el 76.5% y el 87% de su financiamiento total. Esta brecha refleja dos realidades muy distintas: unas organizaciones cuentan con mayor autonomía financiera, mientras que otras permanecen expuestas a la incertidumbre presupuestaria.
Generar ingresos relacionados con el objeto social (también conocidos como “ingresos propios” o “autogenerados”) implica diversificarse financieramente: con el cobro por servicios, la venta de productos y las cuotas de membresías, las OSC tienen recursos sin etiqueta para pagar sueldos, alquileres, contabilidad e impulsar proyectos que difícilmente obtendrían de financiamiento por donativos, tradicionalmente etiquetados para proyectos específicos. Al transitar hacia la generación de ingresos relacionados, la OSC diversifican a sus proveedores de recursos, incorporando a clientes, usuarios y miembros de la comunidad (Romo, Salazar & Mendieta, 2012).
En contrapartida, depender de una sola fuente de financiamiento, como los donativos externos, sitúa a las OSC en una posición de vulnerabilidad ante la volatilidad de los flujos filantrópicos, pues si el financiador decide retirar su apoyo o cambiar sus líneas de acción, se ven forzadas a alterar sus intervenciones drásticamente o suspender sus servicios a los beneficiarios (Natal & Muñoz, 2013). Así, la diversificación de las fuentes de ingreso favorece la autonomía institucional, la inversión en capacidades internas y mayor flexibilidad para enfrentar los cambios en el entorno, asegurando sus operaciones generales sin poner en riesgo su existencia y misión (Rodríguez, Millón, & Weinmann, 2020).
Frente a este panorama, la sostenibilidad financiera debe entenderse como un componente esencial del fortalecimiento institucional. Esto exige un compromiso compartido: por un lado, una filantropía que impulse mecanismos de financiamiento diferenciados e invierta en el desarrollo de capacidades organizacionales y no solo en proyectos focalizados; por otro, organizaciones que adquieran mayor conocimiento sobre la transición hacia modelos híbridos de financiamiento, incorporando ingresos propios, donantes recurrentes y nuevas estrategias de procuración de fondos.

Autora: Luz Helena Rodríguez Tapia
Coordinadora de Investigación en yCo. Centro de Fortalecimiento
Fuentes de consulta:
Natal, A., & Muñoz Grandé, H. (2013). El entorno económico de las Organizaciones de la Sociedad Civil en México. México: CECAPISS.
Rodriguez, F., Millón, M., & Weinmann, C. (2020). Modelos de sostenibilidad financiera de las Organizaciones de la Sociedad Civil en América Latina. Argentina: Civic House, Donar Online, Kubadili.
Romo Hernández, E., Salazar Padilla, O., & Mendieta Ordaz, M. (2012). Investigación sobre mecanismos y estrategias de sustentabilidad de las OSC en la Comarca Lagunera. Torreón: SEDESOL – ISYPCAC.
yCo. Centro de Fortalecimiento. (2026). Aproximación estadística del sector social en Nuevo León. Desigualdades y fortalecimiento. México: Consejo Cívico de Nuevo León A. C.




